Unas 250.000 mujeres han tenido cáncer de mama en España. Según los últimos datos de la AECC, se han registrado 33.307 nuevos casos en 2019. De ellos, entre el 85 y el 90 % sobrevivirá cinco años o más. Son las largas supervivientes de la enfermedad.
Su objetivo es conseguir que el seguimiento de estas pacientes se haga de forma compartida, colaborativa y coordinada entre los profesionales de la atención especializada y primaria. Porque no todas pueden ser tratadas de la misma manera.
"En los casos en que la enfermedad no es curable también hemos mejorado mucho la supervivencia, lo que permite que podamos hablar de una cronificación de la patología para muchas mujeres con cáncer de mama metastásico”, apunta Seguí, vocal de la junta directiva de la SEOM.
“Realizamos cirugías menos agresivas y administramos menos radioterapia. Incluso en uno de estos subtipos (HER2) evitamos la quimioterapia en el 40 % de los casos. Además, se ha extendido el uso de terapias biológicas que actúan sobre estructuras celulares específicas y con una toxicidad más limitada”, añade.Vivas, pero con secuelas
Un grupo académico de referencia que desarrolla ensayos clínicos en cáncer de mama, es rotundo: “En los últimos años hemos conseguido mejorar el pronóstico y la calidad de vida de nuestras pacientes”.
Ahora bien, esta alta supervivencia se acompaña de un precio. Las terapias pueden dejar secuelas físicas, psíquicas y psicosociales que se manifiestan o persisten años después de haber finalizado.
“La oncología actual persigue resolver la enfermedad dejando tras de sí un impacto mínimo en la calidad de vida de las pacientes”, agregan. “Para reducir las secuelas físicas e impactar en la menor medida posible en el estado de ánimo y en las esferas social, laboral y familiar de las pacientes, cada vez usamos terapias más específicas y, por ello, menos agresivas”.
Pero lo cierto es que el día a día de las pacientes se verá afectado en función del alcance de su enfermedad, pero también de los fármacos administrados.
Por ejemplo, las cicatrices de las cirugías o los problemas psicosexuales derivados de las alteraciones hormonales, por no hablar del cansancio o dolor en las articulaciones, el miedo a la recurrencia y, a veces, el deterioro cognitivo, que van a influir en la vida futura de las mujeres.
Otra de los efectos colaterales que impactará en las supervivientes es la dificultad en la reincorporación a la vida laboral por las secuelas físicas y, muchas veces, por la incomprensión de los empleadores sobre las necesidades de las pacientes.
El 20 % de las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama tienen menos de 40 años y después deben volver a su actividad laboral, social y familiar. Este regreso puede verse condicionado por el tratamiento, de ahí la importancia del equipo especializado y las nuevas terapias dirigidas.
Sobre si nuestro sistema sanitario está preparado para estas pacientes, Seguí afirma: “No totalmente. Es necesaria más formación y coordinación entre los niveles asistenciales y una mayor sensibilización de los profesionales. Pero hay numerosas iniciativas para mejorar esta situación, así como muchos casos de éxito”.
Según el experto, desde hace varios años se ha constatado la necesidad de compartir el seguimiento de las largas supervivientes de cáncer de mama entre el cuidado hospitalario especializado y la atención primaria para garantizar una coordinación efectiva.
Desde GEPAC sostienen cómo la visión de las pacientes con cáncer de mama ha cambiado en los últimos años respecto a la patología. “Ahora saben que se investiga bastante, aunque falte camino por recorrer. Pero aunque el pronóstico también ha mejorado, el diagnóstico sigue estando asociado socialmente a la muerte”.